6/29/2015

Soneto VIII

Aquel que en sus fuerzas confía tanto
que vencer crea a Amor, Muerte o Fortuna,
harto se engaña, pues yo mismo en una
de ellas he hallado el sempiterno llanto,
que oyendo mi alarde Amor entretanto,
pues vencerme no podía arte alguna,
viendo su arma que de mi sangre ayuna,
por vil, indignado, clavó su espanto.
Y murmurando a tierra descendía:
"Si el corazón crees duro cual diamante,
yo haré tu sangre
para siempre mía".
Luego acudió con tal gentil semblante,
que la mirada apresaba y vencía,
volvió al cielo, y yo troqué en amante.

Donato Bramante

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