2/11/2014

De "Nada resta de ti"



Nada resta de ti... te hundió el abismo...
te tragaron los monstruos de los mares.
No quedan en los fúnebres lugares
ni los huesos siquiera de ti mismo. 

Carolina Coronado

¡No hay nada más triste que el último adiós!



Si dos con el alma se amaron en vida
y al fin se separan en vida los dos.
¿Sabéis que es tan grande la pena sentida
que nada hay más triste que el último adiós?

En esa palabra que breve murmuran,
en ese gemido que exhalan los dos,
ni verse prometen, ni amarse se juran,
que en esa palabra se dicen ¡adiós!

Al fin ha llegado la muerte en la vida,
y al fin para entrambos morimos los dos;
al fin ha llegado la  hora cumplida,
la hora más triste... el último ¡adiós!

Ya nunca en la vida, gentil compañero,
ya nunca volvemos a vernos los dos;
por eso es tan triste mi acento postrero,
que nada hay más triste que el último ¡adiós!

Carolina Coronado

De "Para el alma no hay distancias"

Y si quieres mensajero
más alegre y placentero
que la luna peregrina,
yo te enviaré, compañero,
a la bella golondrina.

Ella por mí presurosa
cruzará el aire gozosa,
y entrando por tu ventana
te llevará una mañana
mi visita cariñosa.

"Despierta, mi bien querido;
-te dirá- si estás dormido,
que yo en su nombre te llamo:
ella dice... yo te amo:
Responde tú... no la olvido"

Carolina Coronado

2/07/2014

Fragmento



Lucero solar, mi corazón es tu palacio de estrellas. 

Al-Mu'tamid

2/03/2014

Fragmento



Find ecstasy in life:
the mere sense of living is joy enough. 

Emily Dickinson

2/01/2014

De "El amor de los amores"





"Nunca en tu frente sellará mi boca

el beso que al ambiente le regalo;
siempre el suspiro que a tu amor exhalo
vendrá a quebrarse en la insensible roca".


Carolina Coronado

Imagen: Christian Schloe

¡Oh, cuál te adoro!



¡Oh, cuál te adoro! con la luz del día
tu nombre invoco apasionada y triste,
y cuando el cielo en sombras se reviste
aún te llama exaltada el alma mía.

Tú eres el tiempo que mis horas guía,
tú eres la idea que a mi mente asiste,
porque en ti se concentra cuanto existe,
mi pasión, mi esperanza, mi poesía.

No hay canto que igualar pueda a tu acento
cuando tu amor me cuentas y deliras
revelando la fe de tu contento;

Tiemblo a tu voz y tiemblo si me miras,
y quisiera exhalar mi último aliento
abrasada en el aire que respiras.


Carolina Coronado (s. XIX)
Imagen: Christian Schloe