3/02/2012

La cuna de Gilgamesh



Yo lo veía
bajando
secretamente
a la costa
de la eternidad,
rodando
su alma
cubierta por los musgos,
deletreando sus sentidos
a escondidas de la vida.
Y luego se refugiaba en una
montaña azul
que le llevaba sobrevolando
hacia las desilusiones
que crecieron bajo su brazo,
o apenas
resumía sus sueños
en una hierba colgada en su pecho
cubierto por la noche humana.
Después, en un momento,
sus edades se embarcarían
para despertar
en una creación desarmada.

Mohamed Ahmed Bennís

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