10/18/2009

A una transeúnte




La calle atronadora en torno a mí gritaba.


Alta, esbelta, de luto, mayestático pena,


Una mujer pasó, levantando el festón,


Meciendo el dobladillo con mano fastuosa;

Ágil y noble iba, con sus piernas de estatua.


Crispado como un loco, yo bebía en sus ojos,


Firmamento morado que gesta un huracán,


El dulzor que fascina y el deleite que mata.
Un rayo… ¡luego noche! —Fugitiva belleza


Cuya mirada me ha hecho de pronto renacer,


¿no te veré de nuevo más que en la eternidad?

¡en otra parte, lejos, ya tarde! ¡nunca acaso!



Pues no sé dónde huyes e ignoras dónde voy,



¡tú a quien hubiese amado, tú que ya lo sabías!






Charles Baudelaire