10/11/2008

Antes del odio




No, no hay cárcel para el hombre.

No podrán atarme, no.

Este mundo de cadenas

me es pequeño y exterior.


¿Quién encierra una sonrisa?

¿Quién amuralla una voz?


A lo lejos tú,

más sola que la muerte,

la una y yo. A lo lejos tú,

sintiendo en tus brazos mi prisión,

en tus brazos donde late

la libertad de los dos.

Libre soy. Siénteme libre.

Sólo por amor.


Miguel Hernández

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